lunes, 18 de abril de 2016

BRASIL:

Brasil es precioso pero también muy peligroso. 
 Bajamos del avión después de un vuelo de 9 horas o así, y estábamos muy cansados. Como dos amigos habían  viajado dos días antes que nosotros, ya habían encontrado un buen hotel en el que alojarnos, así que al ir, ya nos  estaban esperando allí.
 Como era de noche cuando llegamos, fuimos a cenar a un restaurante. Nos pusieron muchísima comida y  pensábamos que no nos daría para pagar... Pero sorprendentemente nos sobró. Allí era todo muy barato.
 Al día siguiente nos dirigimos a la playa de Copacabana, que nos habían advertido que era muy peligrosa por  los robos que había, pero también muy bonita: había  muchos puestos, el agua era muy transparente... 
 Hicimos muchas excursiones por la ciudad, vimos muchas tiendas de cosas típicas... Y en ellas vimos muchos  pobres que te pedían siempre.
 También visitamos las islas vírgenes, que eran islas particulares a las cuales accedías en velero. Cuando  estábamos cerca de la orilla, echaban el ancla y te podías tirar al agua a nadar hacia la playa. Allí echamos un  partido de fútbol con nativos, que por cierto, nos ganaron. Después de pasar el día volvimos y esa noche, en Río  de Janeiro fuimos a ver un partido de fútbol al estadio de Maracaná. 
Resultado de imagen de BRASIL Allí pasamos varios días, de día íbamos a dar paseos o a la playa y por las noches, íbamos a tomar algo.. Pero  siempre íbamos con mucha precaución, por que te podían atracar en cuanto te despistaras. 
 Un día vimos las cataratas del Iwazu: Cogimos un avión a ver Curtiba, las vimos y estuvimos allí. Alquilamos un  chófer para que nos llevara lo que faltaba de trayecto. Eran impresionantes: una herradura de 2 km cayendo agua  por todos los lados. 
 Al día siguiente cruzamos el río  y vimos Paraguay, estuvimos allí unas horas. Vimos la presa de Itaicu en la cual  la mayoría de las turbinas estaban paradas porque no tenían a quien vender la electricidad ni lineas eléctricas  para transportarla. 
 Luego, cruzamos a Argentina y vimos otra vez las cataratas del Iwazu desde la vista Argentina. Pero como había  que andar mucho por unas plataformas, pagamos un barco para que nos llevara. Estuvimos en el nacimiento de  la catarata, y ¡qué miedo!, porque como se hubiese parado el motor, nos íbamos para abajo. 
 Cuando terminamos volvimos a Río  de Janeiro, pero nos quedamos tirados entre Argentina y Brasil empujando  un coche, pero luego lo pudimos arreglar. 
 Allí se come genial, te diviertes mucho... Era un auténtico paraíso.

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